
Aunque algunos bielorrusos ya han empezado a votar, la cita oficial con las urnas es el próximo 19 de diciembre. (Sergei Grits/ AP)
¿Cómo se enfrenta un candidato a unas elecciones que sabe que, incluso si la mayoría le vota, no va a ganar? Con espíritu olímpico y una buena dosis de optimismo parece ser la única respuesta posible. “Descarto completamente que los comicios vayan a ser justos”, dice Andrei Sannikov, líder de la iniciativa por un Belarús Europeo, “pero creo que tenemos opciones. Esta vez puede pasar cualquier cosa”.
El 19 de diciembre de 2010, los bielorrusos están llamados a acudir a las urnas. La última ocasión en que hicieron tal cosa libremente, según los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), fue en 1994. Aquel año eligieron como presidente a Alexander Lukashenko. A partir de entonces, los comicios en este país- que oficialmente se llama República de Belarús- están marcados por la manipulación. También la cita del próximo domingo es, en apariencia, un mero acto para repetir el teatro electoral de la pasada década y media.
Sin embargo, “la gente en Belarús está cansada de Lukashenko”, advierte Sannikov. Hubo un tiempo en el que el jefe del Estado gozaba de apoyo entre la ciudadanía, reconoce este diplomático y activista pro derechos humanos convertido ahora en político. Pero eso ha cambiado, opina. “Lukashenko prometió estabilidad, prometió buenos salarios y prometió buenas pensiones”, repasa Sannikov, “y sobre todo, prometió buenas relaciones con Rusia”.

Andrei Sannikov, fundador de la ONG Charter 97 y líder del movimiento por un Belarús Europeo, alza su certificado de candidato oficial a las elecciones bielorrusas de 2010. (SG/ AP)
La calidad de los contactos con el gran hermano del norte, del que Bielorrusia tanto depende económicamente, es aquí una cuestión de vital importancia. Lukashenko y su nostalgia por todo lo soviético representaron en su día una garantía para la amistad entre Moscú y Minsk. Pero el mundo ya no es el que era cuando la URSS acababa de desintegrarse. Pequeños aunque no precisamente velados detalles demuestran que el Kremlin está dejando caer poco a poco al dictador.
Por ejemplo, la cadena de televisión rusa NTV ha emitido una serie de documentales en los que se describe a Lukashenko como un corrupto y un criminal, algo impensable en otra época, y menos en un periodo tan delicado como es el preelectoral. Moscú no ha manifestado preferencias por ninguno de los candidatos en estos comicios. Y el momento mismo de celebrar las elecciones está relacionado con Rusia: pese a que aún no tienen fecha, las negociaciones para fijar el precio que Belarús paga por los recursos energéticos del país vecino están a la vuelta de la esquina, y se prevén muy difíciles.
Tanto a la hora de garantizar el consumo interno como a la de mantener su principal actividad económica- la reexportación de gas y petróleo- las bajas tasas que Minsk desembolsa por la energía rusa resultan fundamentales. Rusia, no obstante, parece cada vez menos dispuesta a comprar por esta vía fidelidad política, porque sobre todo ahora que la crisis aprieta no le salen las cuentas.
Aunque en el abastecimiento de Europa el papel que juega Bielorrusia no es comparable al de Ucrania, algunos encontronazos de la llamada “guerra del gas” se han dado ya aquí, y una batalla final queda por librarse. Antes de que ésta llegue, Lukashenko trata de tener los siguientes cinco años de presidencia en el bolsillo. Por eso se sospechaba ya desde hacía meses que la votación tendría lugar este año, cuando en realidad debía organizarse en 2011.

Las relaciones ruso-bielorrusas se han ido deteriorando, y tono que se dispensan Moscú y Minsk es cada vez menos amistoso. (Mikhail Klimentyev/ AP)
Enfrentarse en las urnas a Lukashenko no es fácil. De marginalización y trabas para llevar a cabo la campaña electoral se queja la oposición ante la OSCE. Con los medios de comunicación controlados por el Estado, cada candidato ha de recaudar 1.000 firmas en una primera fase, y 100.000 en la segunda.
“En las elecciones de 2006 conseguimos inicialmente 1.070 firmas”, cuenta el democratacristiano Vital Rymasheuski en la sede de su partido en Minsk, que oficialmente no existe, “el KGB empezó a presionar a quienes nos habían dado su apoyo y muchos de ellos se borraron de las listas. Al final, éstas fueron anuladas”. “Cada vez que una persona firma por mí, da su número de pasaporte, su dirección y dice abiertamente que está en contra del sistema”, recuerda Alexander Milinkevich. Y eso en Belarús no está exento de peligro.
En 2006, Milinkevich se convirtió “en el candidato de todos los que estaban descontentos con el régimen”. Por una vez, los demócratas bielorrusos- enfrentados y divididos- actuaban juntos y nombraban un a candidato común. Aunque Milinkevich, con toda probabilidad gracias al fraude, quedó lejos de la victoria, en el plazo de un mes logró pasar de personaje desconocido a representante político con cierta aceptación. El Gobierno reconoció la amenaza. “El día de las elecciones, unas 100 personas de mi equipo fueron arrestadas”, narra.

Recogida de firmas a favor de la candidatura de Andrei Sannikov: en una primera fase se requieren 1.000, en una segunda 100.000. (SG/ AP)
Pero aquello duró sólo unos comicios. “En 2006, yo apoyé a Milinkevich, lo que pasa es que él es partidario del diálogo entre la Unión Europea y Lukashenko y yo no”, explica Sannikov la diferencia entre dos europeístas que prometen igualmente acercarse a la UE sin alejarse de Rusia y ponen a países como Estonia de ejemplo de lo que podría ser hoy Belarús. La desunión es la mayor lacra de la oposición en este país, opinan los observadores internacionales. En 2010, vuelve a actuar por separado. De los diez candidatos finales, ocho son opositores, y Milinkevich ha decidido no volver a concurrir.
Mientras tanto, algunos bielorrusos han empezado ya a votar. El “early voting” permite depositar la papeleta hasta cinco días antes de la fecha establecida. El método que se cree al servicio de muchas irregularidades.
“Stalin dijo en una ocasión que lo importante no es quién vota, sino quién cuenta los votos”, ríe Milinkevich. Sannikov defiende su espíritu olímpico: “Lo importante es participar, sobre todo en las presidenciales. Como usted sabe, el Parlamento aquí no tiene ningún poder. Por eso, las elecciones parlamentarias no le interesan a nadie. Pero las presidenciales sí que son un verdadero desafío a Lukashenko”.
ENLACES RECOMENDADOS
- Nota de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores bielorruso sobre los candidatos oficiales a los comicios de 2010 [PDF]
- Informe de la OSCE sobre las elecciones del 19 de diciembre de 2010 en Belarús. 25 de noviembre – 5 de diciembre. [PDF]
- Informe de la OSCE sobre las elecciones del 19 de diciembre de 2010 en Belarús. 27 – 29 de septiembre. [PDF]
- Conclusiones del Consejo Europeo sobre Belarús, 25 de octubre de 2010. [PDF]
- Página de la ONG Comité de Helsinki Bielorruso.